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Altermonetarismo (las Indias blog)

Llamamos altermonetarismo al conjunto de teorías que defienden la implantación de una divisa («moneda p2p», «moneda sin interés», «moneda local», «moneda ciudadana», etc.) como fundamento del cambio en el sistema económico.
El «altermonetarismo» nace de la idea antimercantil promovida en la Edad Media por la Iglesia Católica, de un «dinero sin interés». Esta rescatada por el populismo de derecha norteamericano a finales del siglo XIX en su batalla contra la implantación del sistema de Reserva Federal, desde donde salta al underground ideológico de los sesenta y los movimientos alternativos del nuevo siglo. De este tronco, a partir de los trabajos de Silvio Gesell en los años treinta y Bernard Lietaer en la actualidad, surge una corriente que defenderá la creación de monedas regionales «complementarias» como forma de generar crédito para las PYMEs en momentos de crisis deflacionarias.


La experiencia de las «monedas alternativas»

En general, la idea de que una moneda alternativa puede ser el punto de partida de una nueva economía productiva es una verdad a medias: si no existe una base industrial ampliamente diversificada, el uso de una divisa propia tendrá consecuencias desastrosas. Sin embargo, lo que se nos presenta como «moneda», puede ser en realidad -si su demanda se desliga del tejido productivo de la red que lo adopta- un sistema flexible de donaciones o un activo financiero más o menos especulativo que sirva para recaudar fondos e ingresos a otras causas (incluída la creación de tejido productivo).
  • Las monedas alternativas sirven como tales solo bajo dos condiciones:
    • Un contexto de crisis deflacionaria
    • en una economía industrial muy diversificada que adopte la moneda
  • Si se implantan en una red o territorio sin la suficiente diversidad industrial real, las monedas alternativas sufrirán, de adoptarse, fuertes tendencias a la devaluación que serán destructivas -a través de una inflación galopante- para la economía que la adopte.
  • Sin embargo, si la dependencia de una economía real se rompe sustancialmente -los que compran las monedas no las compran mayoritariamente para comprar bienes y servicios nominados en ellas- ya no pueden ser juzgadas como monedas y en su lugar pueden jugar alguno o todos de los siguientes roles:
    • Sistema de microfinanciación.
    • Activo especulativo
    • Sistema de dinamización de trabajo voluntario

¿Por qué no son el punto de partida para una «economía alternativa»?

BernardLietaerLos ejemplos de éxito que ofrece Bernard Lietaer, el mayor teórico y defensor de las monedas locales, muestran un patrón característico: son monedas que surgen en una crisis deflacionaria y solo tienen impacto si su ámbito tiene una producción muy diversificada.
El marco de la crisis deflacionaria es importante. En una deflación el dinero vale cada vez más, así que mucha gente empieza a ahorrar más y consumir menos. Al consumir menos las empresas aumentan sus stocks y en respuesta bajan los precios, pero eso aumenta aun más la espiral deflacionaria y los consumidores tendrán aun más motivos para ahorrar, entre otras cosas porque si ven a sus propias empresas pasándolo mal ahorrarán como forma de defensa ante la incertidumbre. En ese contexto, crear una nueva moneda y aumentar el dinero en circulación es la solución clásica, tan clásica que se ajusta como un guante al famoso ejemplo de la cooperativa de canguros de Krugman.
Pero hay además un elemento más: la economía ha de estar muy diversificada. ¿Por qué? Porque emitir moneda al final sirve para poder dar crédito. Si alguien llega a incubar su proyecto con nosotros, pongamos por ejemplo, un negocio de pizza al paso y le financiamos el proyecto con faicoins, no va a poder comprar casi nada de lo que necesita en la moneda alternativa. No podría hacer un horno, para empezar, ni comprar las herramientas. Y en el día a día, podría comprar todo lo más algunas verduras -aunque se encontraría seguramente con muchos problemas-, pero no el cartón, la energía, o las servilletas. Es más, ni tan solo podría comprar la harina, el aceite y la sal.
pizzeria diversidad¿Qué pasa si vende los faircoins a cambio de euros o dólares? Pues que estará impulsando una bajada del valor del faircoin. A poco que le sigan un par de proyectos comprando euros o dólares con faircoins, nuestros pizzeros tendrán que pagar cada vez más faircoins por la harina y el aceite. Así que si no quieren arruinarse tendrán que subir los precios de sus pizzas. Es decir, cuando hay que cambiar la mayoría de los faircoins por euros para comprar lo necesario para producir, no solo bajará el precio del faircoin, sino que la economía de la red acabará sumergiéndose en una espiral inflacionista. Si la mayor parte de las cosas que se necesitan cotidianamente no pueden comprarse en faircoins, es decir, si la economía de los que usan los faircoins como moneda principal tiene muchísimas más importaciones que exportaciones, el desequilibrio subirá los precios internos. Esa es la causa de que para que una moneda local funcione es necesario que la economía local esté muy diversificada, que se produzcan muchas cosas distintas.
Por eso pretender crear una economía desde la moneda es empezar la casa por el tejado. Una moneda local puede servir a una región o una red en una crisis deflacionaria o en general cuando no tienen suficiente acceso al crédito que necesita para desarrollarse. Pero necesita tener una base productiva diversificada antes. Si no, está condenada a ser una pesadilla inflacionaria.
Y entonces ¿por qué no caen en una espiral inflacionista todas esas monedas locales que surgieron durante la crisis? Porque no se cambian y no se cambian porque nadie intenta a partir de ellas desarrollar algo que le permita vivir, lo que les obligaría a comprar fuera de la red. Sirven a las finales como un sistema de trueque, un circuito cerrado entre un catálogo muy limitado de productos finales: verduras, algunos libros, clases, obras de teatro, páginas webs, dulces caseros, mermeladas y poco más. Nada con lo que se pueda arrancar un proyecto del que vivir. Se presentan como «complementarias», pero esa complementariedad solo quiere decir que no generan riqueza, que nadie utiliza la posibilidad del crédito para producir nuevas cosas. Es un juego de rol que puede ser muy divertido, una afirmación identitaria, no la demostración ni el punto de partida de una economía alternativa.

Los usos alternativos que sí funcionan… pero no como moneda

Sin embargo, si la dependencia de una economía real se rompe sustancialmente -los que compran las monedas no las compran mayoritariamente para comprar bienes y servicios nominados en ellas- ya no pueden ser juzgadas como monedas y en su lugar pueden jugar alguno o todos de los siguientes roles:
  1. Criptomonedas:
    • Sistema de microfinanciación. Lo único que asegura en una red que la moneda no entre en devaluación y la economía de la red en un proceso inflacionario es que se compre en divisa establecida (euro, dolar, etc.) una cantidad de moneda mayor de la que se usa . Esto ocurre con muchas de las monedas alternativas «que funcionan». Funcionan porque no se usan como moneda. Son en realidad una forma de captar financiación: un tipo particular de crowd-funding que genera un mercado de las propias participaciones, donde el donante recibe un «derecho a productos y servicios» que en la mayoría de los casos no usa inmediatamente. Se trata en realidad de un sistema de financiación colectiva de una red -la formada por todos los que la venden moneda. La liquidez queda garantizada por la convertibilidad en productos.
    • Activo especulativo. Al establecer un mercado, a cierto punto equivalente al de participaciones, una Bolsa, estas criptomonedas fluctúan en su valor. Mientras se compren mayoritariamente como forma de apoyo y no se canjeen por mercancías y servicios, se apreciarán. Ofrecen por tanto la posibilidad de especular con ellas. Las criptomonedas surgidas a partir de bitcoin incrementan su propia oferta siguiendo una función predeterminada. En el caso de bitcoin y otras, esta función, a partir de cierto punto generará cada vez menos monedas nuevas. El resultado es, por diseño, una tendencia deflacionaria, es decir, una tendencia a la revalorización del activo cada vez a un plazo menor. Lo cual es un incentivo evidente para el paso de la inversión a la especulación… que, en teoría podría revertirse si una mayoría de los poseedores de la moneda modificaran su código forzando a un nuevo ciclo de emisión.
  2. Bonos locales:
    • Sistema de dinamización de trabajo voluntario. Es el caso de muchas «monedas sociales» no convertibles, vales de tiempo de «cooperativas de baby sitting», etc. Se trata de un mecanismo para incentivar la participación en servicios comunitarios y facilitar el intercambio de horas de trabajo en actividades de una red de personas.
  3. Historia

    Origen feudal

    Cantigas de Santa María préstamo medieval usuraEl altermonetarismo todavía hoy es algo más que una propuesta de utilización de monedas locales, alternativas o comunitarias. Es sobre todo una reedición de la utopía medieval cristiana de la moneda sin interés y está relacionada por tanto con el anticonsumismo y el antimercatismo.
    Las grandes ferias fueron el verdadero momento de cambio en la Revolución comercial medieval. Hasta entonces el uso de moneda era muy escaso en la Europa cristiana, los tributos se pagaban en especie y las clases altas tenían como fuente de riqueza e incluso como sistema de pago o dote entre ellas el dominio sobre la propiedad de la tierra.
    Pero en las ferias la moneda resurge y con ella unos peculiares artesanos: los cambistas. Sus tiendas tendrán un banco o una mesa a la calle donde las monedas, a la vista en pequeñas montañas, indicarán a los comerciantes forasteros. Cambian monedas pero también metales con lo que se convierten pronto en los principales suministradores de las cecas y a pesar del monopolio sobre la exportación de los acuñadores, en exportadores ellos mismos de metal para monedas.
    La Iglesia no había tenido doctrina alguna contra el uso de moneda, aunque la moneda y las joyas aparezcan una y otra vez como metáfora del lucro y por tanto de la avaricia. Pero los tratará junto con los usureros (quienes practican el préstamo con interés), aún más abajo en la escala social que el común de los mercaderes. Ni siquiera serán considerados vergonzantes sino, peor áun, pecadores por el origen mismo de sus ingresos.
    La causa es a la vez social, económica y doctrinal. Nada como la moneda simboliza el ascenso de los mercaderes artesanos, ningún símbolo cotidiano les representa mejor en su irreverencia por las fronteras feudales. Fronteras que son ante todo estamentales, de clase, pero que ellos rompen también territorialmente con el viaje de comercio y las ferias. Cambiar monedas es diluir el poder secular que los papas acaban de hacer feudatario tras el sometimiento del emperador Enrique IV, supone tomar una prerrogativa divina para diluir las divisorias últimas de los derechos feudales. Si las monedas pueden ser cambiadas -y han de serlo para el comercio- ¿para qué dividió el mundo Dios entre los príncipes? Peor aún, cuando los señores les compran metales o monedas, ¿no están sometiéndose a esta capa sin lugar en el orden divino?
    Pero la objeción de la Iglesia a los cambistas no se relaciona en vano con el tipo de interés. Los cambistas se encuentran ciclicamente con excedentes de moneda o metales. Acostumbrados a trabajar en red empiezan a aceptar un nuevo instrumento llegado del Mediterráneo que impulsará aún más el comercio y las ferias: la letra de cambio. Las mesas (de cambio) se separarán de los bancos (de crédito) especializándose el primer sector financiero moderno. La Iglesia se da cuenta de que el cambio de monedas, el tipo de interés y el comercio no local están unidos inseparablemente. Frente al viejo sistema feudal, estático, con sus monedas con poco uso y escasa extensión social que no llevaban parejas el uso del interés, en el nuevo sistema emergente, el descuento es el motor de todo. Y resulta explosivo: en menos de 200 años los mercados se expanden e interconectan como no lo han hecho en los 500 anteriores juntos.
    Pero en el cristianismo, aunque la Iglesia finalmente -unos siglos después- acabará levantando la prohibición sobre el tipo de interés, siempre quedará esa nostalgia de una sociedad estamental basada en monedas locales no convertibles y por tanto ajenas al cobro del riesgo (el tipo de interés, malvada usura) asociado al comercio a larga distancia.
    En la práctica histórica el sistema financiero, el crédito, siguió creciendo hasta convertirse en el verdadero tejido de la economía, pero una vez más, el siglo XX conocería un verdadero revival del sueño localista al otro lado del Atlántico.

    Resurgir contracultural

    En EEUU los pánicos bancarios de 1895 y 1907 habían abierto la necesidad de dotar al estado de un Banco Central parangonable a los europeos. El debate sobre Ley de acuñación de moneda y banca que culminaría con la aprobación de la Federal Reserve Act no sería sin embargo luego un trámite: duró casi una década porque involucraba el propio concepto federal y las relaciones entre el capital y la estructura política.
    Un debate tan complejo, largo y con tantos intereses en el medio es el terreno ideal para conspiranoicos de todo tipo. No hay que olvidar que estamos en los primeros años tras la muerte de Henry George, el verdadero padre del populismo norteamericano. Cuando nace la Reserva Federal, quitando el privilegio de acuñación de moneda y emisión de billetes a los bancos privados, el georgismo, con su inevitable secuela de teorías simplistas al gusto de las clases medias menos ilustradas, no es ya una fuerza de primera magnitud, pero forma parte establecida de la marginalidad política americana. Y la idea de una banca local con sus propias emisiones de moneda, dando crédito sin interés a las PYMEs, siguió ahí como parte de la utopía moral del EEUU libertario y aislacionista. Tanto es así que el relato (falso) del nacimiento de la FED ha perdurado hasta hoy con el famoso documental conspiranoico Zeitgeist.
    Un runrún conspiracionista que se une a la reciente resurrección -a la que no ha sido ajena la prensa de gran tirada– de Silvio Gesell. Vegetariano ético, continuador de George y con experiencia comercial en Suiza, Alemania y Argentina, acabaría como Comisario del Pueblo de Finanzas en la efímera República de los Consejos de Munich durante la revolución spartakista de 1919. Allí intentaría testar -durante la escasa semana de gobierno obrero- su freigeld (moneda libre), base de su Economía Natural, una versión ampliada del sistema de Henry George.
    Pero su reciente resurreción se debe a sus seguidores y epígonos. En 1934, tan sólo cuatro años después de su muerte surgirá en Suiza el banco WIR, un intento serio de demostrar la viabilidad de la freigeld y la innecesariedad del interés. Pero WIR, en realidad una cooperativa de crédito, abandonó el modelo de Geseell en 1952 empezando a utilizar el interés (y creciendo hasta alcanzar un valor en balance de más de 500 millones de euros).
    Pero esto no conseguiría acabar con el sueño de la moneda libre de interés. La misma crisis del 29, la Guerra Civil española o el corralito argentino, al poner en jaque el dinero como medio de cambio, impulsaron a la gente a reinventarlo usando desde bonos descuento a papel moneda emitido localmente. Monedas que no deben confundirse, aunque la prensa lo haga, con divisas alternativas, pero que en los últimos años han dado relevancia al último epígono de Gesell: Bernard Lietaer y su idea de las monedas complementarias locales.
    Letaer da sus ejemplos de éxito en entornos diversificados que sufren situaciones deflacionarias, lo cual le permite argumentarlo dentro de la teoría económica convencional, pero habiendo generado un pequeño ámbito investigador con conferencias en los TED y grupos de seguidores, el mensaje se ha ido abriendo paulatinamente y no limita la utilidad de estas monedas a situaciones deflacionarias ni economías diversificadas. Es el altermonetarismo decrecionista de las Transitional Communities y la CIC, cuyo fundador Enric Durán es el creador también de faircoop y su faircoin

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