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Mendelismo, crisis del darwinismo y "monstruos prometedores"

En 1866 en sus Experimentos sobre hibridación de plantas (Versuche über Plflanzenhybriden) de la Sociedad de Historia Natural de Brünn (entonces en el Imperio Austrohúngaro) (actual Brno, república Checa) Mendel publica sus famosas Leyes que explican la transmisión de los caracteres hereditarios entre generaciones. Los resultados del paciente trabajo de investigación del monje agustino fueron ignorados por completo, y tuvieron que transcurrir más de treinta años para que fueran reconocidos y entendidos. Darwin nunca llegó a tener noticia de ello; no es extraño que un inglés, no tuviera noticia, a no ser que hubiera trascendido allende los confines culturales germánicos
 
Fueron, H. de Vries, C. E. Correns y E. Tschernack, quienes, con más de treinta años de retraso, y después de haber revisado la mayor parte de la literatura existente sobre el particular, atribuyeron a Johann G. Mendel la prioridad del descubrimiento. Posteriormente Thomas Hunt Morgan acuña el concepto de gen y gracias a sus estudios con la mosca del vinagre, Drosophyla melanogaster, los situa incluso en cromosomas concretos.
 
Herencia ligada a los cromosomas sexuales en Drosophila melanogaster, demostrada por T.H. Morgan
Darwin postulaba como mecanismo de la evolución la selección natural de aquellos organismos mejor adaptados, que transmitirían sus caracteres a la descendencia, pero  ¿Dónde reside la información para formar esos caracteres y que se transmite de generación en generación? El descubrimiento del concepto de gen parece dar respuesta a las dudas de Darwin: pues en los genes, naturalmente. No obstante había algo intrínsecamente hostil entre el comportamiento de los genes y las ideas de Darwin: Darwin es ante todo, y en la órbita de Lyell, un gradualista (Natura non facit saltus), cree en una evolución paulatina, sin saltos o cambios bruscos. Por el contrario, los genes parecen comportarse conforme a una ley del ‘todo o nada’: semillas verdes o amarillas, lisas o rugosas, moscas con ojos rojos o blancos incluso con cuatro alas. 

No es de estrañar, que el darwinismo fuera cuestionado por teorías como el saltacionismo, postulado por Richard Goldschmidt. Este propone que las grandes mutaciones y no la selección natural son el motor de la evolución. Así propuso que las mutaciones en genes importantes en el desarrollo podían producir amplios efectos filogenéticos que denominó "monstruos prometedores", pues encarnaban grandes cambios fenotípicos que, potencialmente, podrían constituir nuevas especies.


Un monstruo prometedor es un organismo con unas fenotipo (características) profundamente mutante que tiene el potencial para establecer un nuevo linaje evolutivo. El término se utiliza para describir un evento de creación súbita de una especie que puede contribuir a la producción de nuevos grupos de organismos. Según Goldschmid los cambios pequeños y graduales, que explican satisfactoriamente los cambios microevolutivos (por debajo del nivel de la especie) no pueden explicar la macroevolución (desde la especie hasta los grandes grupos taxonómicos) . La gran mayoría de los 'monstruos' no serán prometedores y serán eliminados por la selección natural, caso de no ser directamente inviables. Pero quizá uno entre millones funciona y resulta que funciona mejor: ¡Nuestro monstruo promete!

 
 
En su obra The material basis of evolution (La base material de la evolución), Goldschmidt escribió que "el cambio desde una especie a otra no es un cambio que no involucra más y más cambios atomísticos, sino una modificación completa del patrón principal o del sistema de reacción principal en uno nuevo, el que, más tarde puede nuevamente producir variación intraespecífica por medio de micromutaciones."La tesis de Goldschmidt fue universalmente rechazada y ampliamente ridiculizada dentro la comunidad científica, que prefirió dar apoyo a las tesis neodarwinistas, que posteriormente examinaremos.
 
La tabla de salvación para el gradualismo viene de la mano de la síntesis evolutiva moderna o neodarwinismo que integra el darwinismo clásico gradualista, la teoría genética de Gregor Mendel, la mutación genética aleatoria como fuente de variación y sobre todo la genética de poblaciones matemática, que permite integrar todas. Las figuras importantes en el desarrollo de la síntesis moderna incluyen a Thomas Hunt Morgan, R. A. Fisher, Theodosius Dobzhansky, J.B.S. Haldane, Sewall Wright, William Donald Hamilton, Cyril Darlington, Julian Huxley, Ernst Mayr, George Gaylord Simpson y G. Ledyard Stebbins. La idea es sencilla: quizá un gen represente una variación discontinua (blanco o negro); ahora bien la variación de la frecuencia de un gen determinado en una población si que puede ser un proceso gradual o continuo (al principio un 3 % de la población, luego si es favorecido por la selección natural, un 10%, un 30%, un 60% y quien sabe si la práctica totalidad). Esta última idea de la genética de poblaciones es la fundamental.
 
Posteriormente, nuevas ideas como el equilibrio puntuado han supuesto una bala de cañón contra el pabellón dorado de la ortodoxia neodarwinista, concretamente en relación al gradualismo. Sus defensores; los paleontólogos Stephen Jay Gould o Niles Eldredge pusieron de manifiesto que el registro fósil no muestra una paso gradual de unas formas a otras: aparecen súbitamente especies totalmente formadas. De hecho Gould manifestó:
" Como un darwinista, deseo defender el postulado de Goldschmidt de que la macroevolución no es simplemente la microevolución extrapolada y que las grandes transiciones estructurales pueden ocurrir rápidamente sin una serie de suaves estados intermedios...En su infame libro de 1940, Goldschmidt específicamente invoca los genes para el desarrollo como potenciales hacedores de monstruos prometedores"
Quizá, en ocasiones, la naturaleza si que opera a saltos. De hecho el estudio de los genes reguladores o Hox en los cuales ha tenido un papel destacado en científico español Ginés Morata, nos descubre mutaciones que probablemente serían responsables de la aparición súbita de grandes grupos de organismos. Pero eso querido lector ya es otra historia.

Platypus.

[1] Goldschmidt, R. (1940) The Material Basis of Evolution. New Haven, CT: Yale University Press, pp. 205-206.

[2] Gould, S. J. (1977). "The Return of Hopeful Monsters." Natural History 86 (June/July): 24, 30.

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